viernes, 6 de junio de 2014

El Greco: LAS MANOS DE LOS CUADROS - LOS CUADROS DE LAS MANOS


LAS MANOS DE LOS CUADROS

No hace mucho tiempo, recuperé un cuadernillo sobre el Entierro del Conde de Orgaz, escrito por un caballero toledano: Felipe Rodríguez Bolonio, a quien el Greco habría pintado con la mano en el pecho, si lo hubiera conocido. 

Entre otras muchas cosas, refiriéndose al conjunto de las bellas y expresivas manos que aparecen en dicha pintura, y que representan buena parte de la gama empleada por el artista, el autor recordaba la famosa apreciación de Kant, sobre la mano como un cerebro externo.


Ya Anaxágoras, en el siglo V aC., pensaba que los humanos pudieron hacerse inteligentes porque tenían manos, si bien Aristóteles, en el siglo siguiente, aseguraba, que la inteligencia era anterior y que fue la que dotó a las manos de sus capacidades.

Sea como fuere, parece más comprensible la interacción entre cerebro y manos, ya que estas pueden ofrecer a aquel la capacidad de ver, mediante el tacto, así como la de expresarse, por el gesto; complementos valiosísimos, ya que el cerebro, por sí mismo, no ve ni habla, pero sí emite órdenes que las manos cumplen y percibe las sensaciones que estas transmiten. 

Se trata aquí, pues, de observar si esa función expresiva o generadora de impresiones –manos que hablan; manos que piensan-, es susceptible de ser descrita por medio del óleo y los pinceles, sobre un lienzo.

Las manos del Greco, poseen, sobre todo, la facultad de hablar, o lo que es mejor, la de transmitir, sin necesidad de palabras, un volumen de sensaciones, cuya expresión oral, sin duda, requeriría muchas palabras.


1. La mano a nuestra derecha: El dedo pulgar extendido, puede implicar una orden, una recomendación, una decisión inapelable, un gesto que pide o impone silencio y, hasta una amenaza. La mano a nuestra izquierda, extendida sobre el pecho, que roza suavemente, indica conformidad, aceptación, entrega y, en ocasiones, ofrecimiento.


2. Despedida: La mano del personaje que se queda, sostiene delicadamente, sin presionarla, la muñeca del personaje que se va y que tiene sorprendentemente doblado el anular; –podríamos decir que muestra el gesto de contar con los dedos-. Tras la despedida, esa mano rodeando suavemente la muñeca, será la última sensación que permanezca en ambos personajes, unida al deseo, expresado por esa primera mano, que querría que la temida separación se retrasara hasta el infinito.


3. Un gesto suave. Incluso delicado. Tal vez de alguien que espera. No hay presión en los dedos, que más que sostener, parecen apoyarse en la madera, como una pausa o un descanso en un largo camino.


4. De nuevo el dedo índice, pero ahora, no en el acto de asegurar o imponer, sino en el más sencilla y usual de señalar un objeto.


5. La función del dedo pulgar, en colaboración con el índice, es la de coger y sostener objetos, una capacidad fundamental de las manos, que sin pulgar, perderían buena parte de sus facultades. Uniendo estos dedos por las yemas, se puede retener un objeto pequeño, ligero y delicado, sin ninguna dificultad, como es el caso de este modelo, que, con ayuda del dedo medio, logra un equilibrio más seguro del que alcanzaría solo con la pinza, pulgar-índice, mantiene firmemente, algo que parece un palito, una brizna de paja, o quizás una pequeña vela.


6. Una mano sin vida, pero con expresión. Podría quizás hablar de sueño profundo, pero el ángulo con el antebrazo, la casi dislocación de la muñeca, expresa, con cierta seguridad, que no es así, pues el desmadejamiento muscular, sería excesivo, si solo se tratara de alguien que duerme. Aquí se expresa un abandono total en el que ya no interviene la voluntad.


7. Esta imagen nos devuelve a la realidad; no hablamos de una mano anónima, ya que el hecho de unir los dedos medio y anular, nos lleva directamente a pensar en El Greco, que lo empleó, prácticamente de forma exclusiva. El problema surge cuando intentamos discernir si sólo pretendía ofrecer un efecto estético –que logra-, o quizás transmitía un mensaje transcendente, cuyo significado hemos perdido, siendo esto último, lo más probable, ya que esta extraña disposición de los dedos no aparece en escenas de cocina, de taberna, etc., sino en personajes muy concretos y representativos. Los antiguos creían que el dedo medio tenía una especie de conexión con el corazón, pero eso tampoco explica por qué aparece unido al anular y ambos están separados del resto.


8. Podría ser un gesto de paciencia; o dar sensación de reposo y hasta de sueño plácido. En todo caso, estas manos no parecen estar en postura de oración, ya que en ese caso, se apoyarían verticalmente sobre los meñiques. Tal vez también podrían hablar de una espera inquieta.


9. De nuevo los dedos medio e índice unidos, como si se tratara de la firma del artista. En esta ocasión, la mano no descansa sobre una superficie rígida, como en el caso anterior –número 6-, sino que se mantiene firmemente sobre el pecho, tal vez expresando, casi de forma ceremonial, una promesa o un juramento.


10. Quizás una forma discreta de señalar; de apostillar lo que se está diciendo, o tal vez en gesto de ceder. Podría, si formara parte de un retrato actual, ser alguien que extiende la mano para estrechar otra.


11. Sostiene una pluma o, más seguramente, un pincel, ya que la posición es muy vertical y los dedos están alejados del extremo del instrumento que sostienen. En todo caso, destaca la delicada, aunque forzada, posición del dedo meñique; muy habitual en los pintores, cuando no emplean un tiento para apoyarse en el lienzo. Por otra parte, es claro que el modelo está posando, ya que, sin conocer el conjunto de la pintura, podemos deducir que no escribiría, ni mucho menos, pintaría, llevando puestos unos puños de encaje, tan blancos y almidonados.


12. Un gesto de despedida; el inicio de una bendición, o una forma de poner al cielo por testigo. Los dedos son muy delicados y el gesto es estudiado en su solemne ligereza.


13. Muy habitual, el hecho de poner el dedo índice como marca de lectura, cuando esta se interrumpe; se diría, pues, que en este caso, ese dedo realiza la función que corresponde a su nombre. Mano muy delicada, incluso femenina.


14. Conversando o quizás discutiendo, incluso de forma acalorada, como indicaría la gran movilidad de las manos.


15. Estos dedos parecen componer un jeroglífico, tanto en una mano como en la otra. Quizás aquí no se trate de descifrar el sentido del gesto, sino de comprender el descuido del pintor.


16. Es difícil de traducir el caso de la posición de los dedos índice y medio dirigidos hacia abajo, con el anular y el meñique doblados; necesariamente hay que conocer el conjunto del cuadro, lo que tal vez nos aportaría ciertas precisiones necesarias para comprenderlo.


17. La palma extendida hacia arriba indicaría una demostración, pero no explicaría la forzada elevación, casi rígida, del dedo medio de la mano derecha.


18. La misma posición que prácticamente repite otro personaje, quizás con menos rigidez, pero que también parece mostrar algo y que tampoco explica la posición, en este caso, del dedo anular de la mano izquierda.


19. Puede que simplemente, el pulgar este ejerciendo la función del índice, o puede que con el conjunto de la mano, alguien esté afirmando por medio de repetidos golpecitos sobre el libro, una idea que no admite discusión.


20. Evidentemente estamos ante el gesto de bendecir. En este caso, sorprende la longitud del pulgar, aunque, posiblemente, no resulta tan llamativo dentro del conjunto del que forma parte.

LOS CUADROS DE LAS MANOS


1.2. Cristo se despide de su Madre. 1585-90. 109x90. Massachusetts.USA 
(Original en el Museo de Sta. Cruz, Toledo).

Esta escena no está narrada en el Nuevo Testamento, pero procede de una tradición descrita en las Meditaciones atribuidas a San Buenaventura. Con la posición del dedo índice Cristo parece asegurar que debe marcharse y va a hacerlo. María, sosteniendo suavemente la mano izquierda de su hijo, como si quisiera retenerlo, extiende la derecha sobre el pecho, en un gesto que indica que debe aceptarlo y va a hacerlo voluntariamente. 

3. Cristo abrazado a la Cruz, 1590-95. O/l. 65x53. Brooklyn Museum. NY. USA.

Efectivamente, no es la cruz, el eje fundamental de este instante, por eso los dedos no ejercen presión sobre ella; es un hombre que sufre y acepta, a pesar de haber sido torturado. ¿Pide ayuda, o más bien ofrece su aceptación de lo que ha sucedido y lo que aún ha de suceder?

4. Giulio Clovio, c.1572. O/l. 58x86. Capodimonte, Nápoles. It.

Clovio señala, efectivamente, algo muy importante para él; su obra maestra, es decir, el Libro de Horas de la Virgen, realizado en una serie de miniaturas y dedicado al Cardenal Farnesio, el mismo que cedió alojamiento al Greco cuando llegó a Italia, precisamente, por recomendación del miniaturista.

5. El Soplón, c.1570. O/l. 59x91. Col. Privada.

El muchacho sostiene un tizón encendido con la mano izquierda, en la sombra, al que acerca, con la mano derecha, vivamente iluminada, una pequeña vela o mecha encerada, mientras sopla con suavidad para encenderla. El ascua ilumina y dota de vida su rostro de forma increíble. 

6. La Trinidad, 1577-79. O/l. 300x179. Prado, Madrid.

En el retablo de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo, de Toledo, figuraba esta Trinidad, en la que el Padre, sostiene con energía el cuerpo muerto del Hijo, cuyo peso le hace forzar la posición de su brazo derecho, lo que da lugar, a su vez, a la extraña posición de la mano, perfectamente acorde con el exacto y bellísimo escorzo que, paradójicamente parece dotar de un vivo dramatismo a la imagen.

7. Fray Hortensio de Paravicino, c. 1609. O/l. 113x86. Museum Fine Arts, Boston. USA

El poeta culterano y predicador de Felipe III, siempre nos crea la sensación –tal vez debida a la perspectiva del respaldo del sillón-, de estar observando un retrato de cuerpo entero y de gran estatura, cuando, evidentemente, no es así. Diríamos aquí que, con una mano lee y con la otra reflexiona, quedando sólo la duda del verdadero significado de esos dos dedos unidos y separados del resto. 

8. Magdalena Penitente, c.1577. O/l. 108-101. Worcester Art Museum, 
Massachusetts. USA

Las manos con los dedos entrelazados, mostrarían quizás a una persona que está, sencillamente, esperando, si no fuera por el complemento de la calavera y el frasco de perfume que representa a María Magdalena y que transforma el gesto de sus manos en una actitud triste y penitente.

9. Caballero, 1578-80. O/l. 81x66. Prado, Madrid.

La mano en el pecho, lo dice todo sin concretar nada. El Caballero transmite serenidad, decisión y, tal vez, contemplación, pero, en realidad, no sabemos lo que expresa su actitud, con la enigmática posición de los dedos junto a la bella empuñadura de su espada, probablemente sostenida con la mano izquierda. No hay nada más en esta pintura; ni espacio, ni tiempo. Pocas veces una imagen expresa tanto con una apariencia tan sencilla.

10. Andrea Palladio, c. 1572. O/l. 116x98. Museum for Kunst. Copenhagen. Denmark.

El hecho de que el modelo sea, o no, Palladio, es quizás lo menos importante. De acuerdo con la expresión de la su mano derecha, se trata, en todo caso, de un personaje que podría estar pronunciando una conferencia, seguramente relacionada con el libro en el que apoya la mano izquierda, haciéndolo resaltar como un elemento complementario de su elocuente gesto de orador.

11. Jorge Manuel Theotokópoulos, 1600-05. O/l. 81-56, Sevilla. España.

Efectivamente, el modelo de este retrato, identificado como Jorge Manuel, el hijo del Greco, está pintando, pero, fundamentalmente, está posando, como lo demuestran la enorme, reluciente y almidonada gola, así como los impecables puños. El gesto expresa gran delicadeza, tanto en el modelo, que hemos de suponer real, como en el artista, que hemos de suponer preciso retratista.

12. 13. Pío V, c. 1605. O/l. Moussalli Col. París. France.

Las manos de Antonio Michele Ghislieri, fraile dominico, Inquisidor en Roma, Papa, con el nombre de Pío V y, finalmente santo, muestra, efectivamente, unas manos delicadísimas, en sí mismas y en sus gestos, adquiriendo la izquierda, como bien se observa al verla aisladamente, un aspecto realmente femenino.

14. San Pedro y San Pablo. 1605-08. O/l. 124x93,5. Nationalmuseum, Stockholm.

Efectivamente, asistimos a una animada conversación, quizás más impositiva por parte de Pablo, que parece mostrar una evidencia con el gesto de la mano derecha que refuerza señalando sus propios escritos con la izquierda, dirigiéndose a su interlocutor y poniendo por testigo al espectador, mientras que Pedro parece escuchar, quizás interponiendo un sencillo: “sí, pero…”

15. Vista y plano de Toledo, 1608-14. O/l. 132-228. Museo del Greco. Toledo. España.

La admirable belleza y precisión de esta Vista de Toledo contrasta con el desorden de las manos del portador del Plano. Realmente es difícil de explicar este desbarajuste de dedos, a no ser que el cuadro hubiera quedado sin terminar.

16. San Benito, 1577-79. Prado. Madrid.

El gesto de San Benito, aunque de forma extraña, estaba señalando algo; algo que no se adivina contemplando esta pintura aisladamente en el Museo del Prado, donde se encuentra hoy, pero sí se entiende, viendo el retablo del que formaba parte, en el convento de Santo Domingo de Toledo. 


Al igual que San Juan Bautista, en la imagen inferior de la izquierda, San Benito señala el panel central o el Sagrario.

17. Santiago El Menor, 1610-14. O/l. 100,5x80,5. Museo del Greco. Toledo. España.

La mano que tensa y eleva el dedo medio, no parece tener una explicación evidente. El modelo señala el libro, sin duda, pero ello no explica la forzada posición del dedo.

18. San Juan Evangelista, 1602-05. O/l. 100x76. Catedral de Toledo. España.

El mismo caso, ahora es la mano izquierda y representado por san Juan Evangelista, tampoco ofrece nuevas pistas para interpretar el gesto de una y otra mano.

19. San Jerónimo como Cardenal, 1584-1610. O/l. 110,5x95,3. Frick Coll. NY, USA

A pesar de que el Greco lo representara como Cardenal, en realidad no sabemos si San Jerónimo lo fue, puesto que sólo hay información de su vida como ermitaño en Libia y Belén, así como del hecho de que tradujo la Biblia al latín. El modelo podría estar señalando el lugar donde interrumpió la lectura para mirar al pintor/espectador. En todo caso, tanto el gesto de señalar, como el de levantar la vista, le confieren tal vitalidad, que durante mucho tiempo, se creyó que se trataba de un verdadero retrato, más que de una representación.

20. El Salvador, 1596-1600. O/l. 72x57. Nat. Gallery Scotland, Edinburgh. RU.

Esta imagen de Cristo encabezaba una apostolado, el de la iglesia de Almadrones, en Guadalajara, similar a los de la Catedral de Toledo y del Museo del Greco. 

Efectivamente, la mano derecha inicia una bendición, mientras que la izquierda se posa en lo que seguramente es un globo terráqueo, universalizando la sencilla apariencia de esta pintura que, curiosamente, forma parte del reducido grupo en que el Greco emplea una llamativa novedad, consistente en iluminar la cabeza con una aureola en forma de rombo; otra de las firmas del Greco.

&&&